Cristianismo sin Cristo, sería como decir, un café sin café; oh, beber leche que no es leche; o comer carne, que no es verdaderamente carne,
Es que al igual que los alimentos, que con tantas mezclas, dejan de ser lo que en su origen eran.
En diferentes menú de la alta cocina( y otras no tan altas ) son tantos y variados lo condimentos con que preparan un lindo trozo de lomo o pierna, que al final, no se saborea la carne; ya que predomina esa mezcla de llamativos condimentos naturales o artificiales.
Aparte de los supuestos cafés concentrados y envasados con lindas etiquetas, pero que nunca han sido de los puros granos de los cafetales, encontramos y hasta nos servimos los sucedáneos.
Y así, ya que el café no es el original café, y la leche envasada, ya no es la pura leche de vaca, (en el fondo de la taza, los sedimentos de cereales acusan)
Al paso del tiempo, y por esas cosas de la vida, el original y verdadero cristianismo, que se desarrolló de todo lo enseñado por Cristo Jesús, el único hijo de Dios, y portador del Evangélio del reino de los cielos, como que se ido diluyendo en algunas partes del mundo. Lo han mezclado con muchos condimentos de religioso paganismo y carnalidad.
Y aunque lo presentan como cristianismo, ni el sabor ni los resultados son los mismos que el original.
Es que le han agregados tantos condimentos, por eso, lo que más resalta, son esos sabores. Pasa al igual que las ricas carnes, en la manos del chef, la carne queda empequeñecida.
Escuchamos y vemos un cristianismo en donde lo que más resalta es el que presenta el mensaje, con todas sus mezclas y agregados. Pero lo principal, esto es, Cristo Jesús, el hijo de Dios, el único que perdona los pecados, que sigue salvando y sanando; este queda empequeñecido, y hasta en algunos casos, llega a ser ignorado.
¡ Y qué decir de los sucedáneos !
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