Siempre demostramos lo que somos, o parte de lo que somos, a través de nuestras actitudes.
Hacer el bien, es parte del vivir en muchas personas; no es por ordenanzas u obligaciones sociales o religiosas, es algo innato, y de hecho, también aprendido de los antepasados.
El sabio Salomón, en su Libro Eclesiastés capítulo 3:11-12, nos orienta, de que Dios puso en el corazón de los hombres y mujeres, preciados dones, por eso dice: Yo he conocido que no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida.
Anteriormente en su Libro de Proverbios capítulo 3:27, nos enseña que: No te niegues a hacer el bien a quien es debido, Cuando tuvieres poder para hacerlo.
Y si esto y muchas enseñanza más lo condensamos en la realidad de unos pocos hechos, no encontramos con la practica de esta generosidad en las personas de Zaqueo y de Cornelio.
primero, en un israelita y después en la vida de un centurión romano.
Evangelio de Lucas capítulo 19:8, y Hechos de los Apóstoles capítulo 10:1-3,
Ambos ejercían esta generosidad de compartir de sus bienes para con los necesitados, sin esperar un día determinado por calendarios, menos por imposición, o esperando que alguien organice festivales como para derramar generosidades de manera publica. ¿Y después, qué?
Cada uno, siempre tenemos la posibilidad de hacer el bien, siempre hay alguien a nuestro lado que necesita algo, y por supuesto, el que más tiene, más debe dar.
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