Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga, no están curadas...
Un diagnostico, que al leerlo, no deja de dar escalofríos y gran preocupación.
Puede, que en algún hospital o clínica, se encuentre algo parecido a esta ficha medica.
Pero, esta y el resto de su contenido, lo encontramos en los archivos de la Biblia, en uno de los antiguos profetas; Isaías
capítulo 1,versículo 6.
Y quien entrega este análisis, después de un riguroso examen. Es Dios, quien es el que conoce todos los órganos de cada criatura; además, conoce las causas por la que se desarrollan las diferentes enfermedades en el cuerpo humano.
Claro que en este caso, y a través del profeta, El, da a conocer la situación espiritual, social y moral, de la nación de Israel.
Isaías. es el portavoz, en este caso, quien anuncia y denuncia la verdadera situación, comparando con graves enfermedades del cuerpo, que lleva a un final doloroso a este paciente, que no ha recibido ningún tipo de curaciones,... no están curadas ni vendadas, ni suavisadas con aceite.
Entendemos, que es parte de la presentación de una sociedad enferma, mas adelante en el capítulo 24, Isaías, vuelve a recalcar, no solo, la enfermedad, también las causas; claro que igual, entrega la receta, para que esa sociedad, ese mundo, busque la cura.
Hoy, poco se escucha o se lee, de parte algun analista denunciando, o al menos dando a conocer con franqueza, la realidad de nuestra sociedad, de nuestro mundo.
Pero entre los pocos, alguien se atreve a dar el crudo diagnostico, de que nuestra sociedad, está muy enferma.
Y las causas, todos lo sabemos, como las enfermedades. Por todos lados se manifiestan. Homicidios, injusticias, violaciones incestos,robos; todo esto y mucho mas, en todos los ámbitos de nuestra sociedad.
Consideremos, que esto, no es ser alarmistas, simplemente es dar a conocer una triste realidad que desde antiguo, esta afectando al resto que no es enfermo, y no hay que esconderlo.
Claro que siempre hay remedio, el asunto es, buscarlo en el lugar adecuado, y dejarse tratar, para que haya sanidad, para el cuerpo y para el alma.
Solo, en Cristo Jesús encontramos la solución.
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